RELACIONES DE PAREJA VAMPIRO

Por: Lucía Nader Mora - Psicóloga y sexóloga clínica

Lo hemos escuchado en conversaciones coloquiales, lo hemos registrado en nuestra consulta terapéutica, y en algunos estudios realizado con parejas; que, sin embargo, no han sido definidos como parejas o relaciones vampiro, sino como una forma absorbente y enfermiza de relacionarse.

Cuando enfrentamos la palabra Vampiro, no podemos sustraernos de las imágenes que nos proporcionaron las películas del Conde Drácula en la lejana Transilvania, en donde con las artes de la sugestión, el dominio mental se llegaba al control corporal y total de mujeres bellas e indefensas incapaces de decidir por sí mismas para convertirse a través de un beso mordisco en la yugular, en las novias inmortales de su opresor. Ahora bien, no estamos lejos de la realidad, en donde en la vida cotidiana de muchas parejas se viven situaciones marcadas por la manipulación y por el desgaste emocional no identificado, que somete de manera permanente la voluntad, la corporalidad y la autonomía de un ser humano al poder del otro.

Relaciones que empiezan en la mayoría de los casos con expresiones pseudo románticas y seductoras; en donde el que ostenta el poder tiene como característica de su personalidad, lenguajes ambivalentes que tejen una red que atrapa a la víctima y la debilita con el fin de apoderarse de una manera total del otro; es decir, toma todo y da poco o nada. En la explicación psicoanalítica es un o un narcisista primario/a, cuyo excesivo control, chupa las energías y posibilidades humanas del otro/a.

No existe vampiro/a sin sujeto que permita al chupa vida, controlar su existencia. Las personalidades dependientes, inmaduras, confiadas, inseguras o con una profunda interiorización de los débitos propios del amor romántico, no pueden identificar en un principio las reales intenciones de su pareja vampiro.

Sensaciones progresivas de debilitamiento, producidas por la hipercrítica, las descalificaciones en apariencia amorosa, como por ejemplo; “que habría sido de tu vida si yo no hubiera estado presente”, “no me gusta como vistes o como hablas, no muevas las manos así, no digas bobadas etc”.

Las expresiones amorosas son mezquinas y cualquier asomo de generosidad debe ser pagado con creces. Es común en estas relaciones, demandar tiempo, atenciones y una exigencia permanente de las actividades de la víctima. En un principio estas conductas se viven como demostraciones amorosas; en la medida en que el malestar crece y la confusión aumenta, se multiplican las excusas, “va a cambiar, tuvo un mal día, está pendiente de mí etc.”

Empiezan a aparecer una serie de síntomas; enfermedades parásitas, alteraciones del sistema inmune, y la peor de todas acostumbrarse al sufrimiento. No existen recompensas, ni gratificaciones dentro de la relación; la liberación no es posible porque la perdida de energía vital hace irreconocible a la persona. De un estado de pasividad se pasa a uno de irritabilidad, hasta transformarse en depresión, con unos niveles de autoestima muy bajos, sentimientos de culpa asociados a la sensación de no ser competente o de hacerlo todo mal. Aunque suene morboso la víctima de una relación vampiro es similar a la del perrito apaleado, que se minimiza cuando ve a su amo maltratador y bate la cola cuando es tenida en cuenta.

Es importante diferenciar una relación de ahogamiento y de falsos apegos de lo que son los vínculos sanos y el amor. En primer lugar, hay que diferenciar entre un apego esencial, como es la relación padre – hijos – hermanos, de apegos transitorios con ciertos grados de incertidumbre como en el caso de las relaciones amorosas, de pareja o amistosas. Uno de los estereotipos más comunes es creer que las relaciones de pareja son para toda la vida independiente del nivel de gratificación o de la posibilidad de crecimiento personal dentro de la pareja.

En las relaciones vampiro este desarrollo personal es casi imposible ya que los vínculos drenan las energías, absorben las posibilidades y empobrecen. El que ejerce de vampiro se convierte en poseedor de la vida, de la dignidad y aún de la parte productiva y social de su pareja, establece las reglas y asume la totalidad de la toma de decisiones. El circulo relacional se estrecha cada día más y cada uno se convierte en esclavo de su propia enfermedad. El vampiro/a teme perder su poder y el otro siente que su vida no es posible sin el mandato del otro/a.

En una relación sana establecida bajo los pilares del amor, la aceptación incondicional, el gusto del uno por el otro, una buena y estable comunicación, unida a un proyecto de vida sólido, garantiza la individualidad e independencia de cada uno; a la vez se nutre de la influencia de las personas a su alrededor ya sean familiares o sociales.

La convivencia es armónica, recíproca y equitativa; comparten el poder y el afecto. Respetan la diferencia de intereses comparten relaciones sociales y familiares. El desarrollo y los éxitos de cada uno, es motivo de orgullo y solidaridad con el otro; el proyecto de vida está fortalecido tanto por metas personales como de pareja. Las parejas de largo tiempo con vidas satisfactorias aceptan y gozan sus cambios; se alimentan de sus vivencias y sus experiencias.