EL MISTERIO DE LA ESCOGENCIA

Por: Dra. Lucía Náder Mora - Psicóloga y Sexóloga Clínica

¿Por qué escogemos amar a una persona entre otras opciones o posibilidades? Lo cierto es que la atracción a primera vista o la química amorosa o la predestinación a encontrarnos con un determinado “alguien” en algún momento de la vida suele tener diferentes explicaciones.

Desde lo intrapsíquico podríamos afirmar que los patrones familiares primarios suelen tener una gran influencia. Tanto los hijos como las hijas suelen interiorizar las características individuales del padre o la madre, pueden identificarse con ellas por el igual o por el opuesto, de igual manera, con las formas de relacionarse entre ellos; así un hijo con una vivencia de un padre o madre celoso/a,  puede desarrollar conductas similares o completamente opuestas; esto depende de la percepción, interpretación o daño vivido como experiencia vital.

Muchas personas a lo largo de su vida han afirmado no querer repetir patrones familiares de comportamiento; sin embargo, se muestran sorprendidas, cuando su discurso está cargado de frases similares a las escuchadas a lo largo de su vida, con el lenguaje propio de los progenitores. Otras/os podrían, buscar pareja con características similares a las de sus padres ya sea, de manera inconsciente, para reparar daños originados en la imagen proyectada e introspectada por el padre, la madre o la ausencia de uno de estos o por la necesidad de reafirmación de alguien considerado como un ser superior; es como si fuera la prolongación del héroe o la heroína.

Desde lo psico – social existen algunos condicionamientos generados por la cultura que explicarían las razones por las cuales alguien elige y permite ser elegido para construir una relación de pareja ya sea formal o informal. La cultura en la que estamos sumergidos nos brinda patrones ideales que en muchas ocasiones no corresponden a la realidad, sino a lo deseado. Nadie escoge pareja para empeorar; todos los seres humanos con la motivación de la felicidad, piensan con el deseo y en muchas oportunidades le atribuyen a su escogencia, cualidades que están más en su imaginación que en la realidad.

El romanticismo ha creado príncipes azules y princesas rosadas, seres llenos de condiciones excepcionales, en donde los defectos del carácter no existen. En especial algunas mujeres, aún muy jóvenes y actuales, sienten que necesitan ese ser especial que las libre de cualquier infortunio y que las ame para siempre. Por fortuna hoy en día, cuando hay una decisión de formar pareja se es más consciente del camino a seguir por lo tanto se debe tener en cuenta y ser muy observadores en el momento de engancharse en una relación, ya que de una buena escogencia, depende la felicidad no solo suya, sino de la persona con la que va a compartir la vida.

Si usted identifica conductas o actitudes muy de la personalidad de su pareja que no le gustan o que son inconsistentes; entienda que pueden suceder dos cosas, una es que se pretenda ocultar las debilidades para reforzar la conquista y otra es el sello indeleble que lo/a define.

La aceptación incondicional, es un requisito de la escogencia, cada persona se relaciona con lo que el otro es y no con lo que quisiéramos que fuera. Habrá por supuesto, conductas o condiciones inaceptables, adicciones, enfermedades mentales severas recurrentes, sociopatías, violencia de cualquier tipo, problemas con la ley etc…

Se ha comprobado que las parejas con mayores afinidades tienden a ser más felices; los lenguajes comunes en cuanto a valores, niveles culturales e intelectuales, gusto del uno por el otro, ideologías, deseo sexual consistente, edades similares, aceptación por las diferencias y conciliaciones y acuerdos en la cotidianidad para el manejo de temas que pueden originar conflicto, son la base para que la buena escogencia, permita el desarrollo y la consolidación dinámica del amor.

Nos educan para enamorarnos en algún momento de la vida, con mensajes de lo que es deseable para nuestras familias y nuestro entorno. Sin embargo, ¿sabemos cual es la pareja más apropiada para uno? Muchos dirán “el amor lo cura todo o lo transforma” les contestamos como diría Beck “Con el amor no basta” y como diríamos nosotros “Se necesitan grandes dosis de gusto físico, emocional y mental por el otro/a y grandes dosis de conveniencia”, entendida esta última, como tener a nuestro lado un alguien que aporte a nuestro crecimiento como individuos, un compañero/a con quien andar la vida con generosidad, entrega, solidaridad y lo más importante con lealtad. De esta manera los posibles conflictos dados por la cotidianidad, serán abordados sin temores, ni tapujos, con naturalidad, con una comunicación franca y abierta que la facilita el amor y una buena inteligencia emocional para no dejarse atrapar por las emociones negativas.

Siempre habrá la opción de equivocarse y no acertar en la escogencia lo importante es aprender de nuestros errores y entender que las malas o buenas decisiones son de uno y que culpar a otro/a de lo que no fuimos capaces de ver a tiempo, no va a mejorar ni nuestro bienestar ni nuestra calidad de vida.