DEDICADO A AQUELLAS MUJERES, QUE UN DÍA DECIDIERON SEPARARSE. Sexta entrega

Sexta entrega


Cuántas veces en la vida de los seres humanos se necesita solamente de un
acontecimiento que precipite un cambio. Esto fue lo que le sucedió a Gladys,

resignada a su suerte, quién a sus cuarenta años y por una decisión forzada,
decidió ser ama de casa y mamá cuidadora de sus hijos ya adolescentes; vivía
a carta cabal su papel de víctima, consumiéndose en sus propias desdichas y
esperando que la inevitable, como dicen los árabes, llegara.
Como en cualquier telenovela mexicana y aunque aparezca poco creíble, un
día cualquiera de esta rutina y oscura existencia, recibe la citación de una
Notaría. Con algunos de sus familiares más cercanos, asiste forzada y ausente,
a la lectura del testamento de su única tía abuela que en contraposición a lo
vivido por ella, había hecho de su vida lo que le daba la gana, según podía
recordarla.
Cuando la evocaba, pudo reconocer que sus sentimientos en ese momento,
eran iguales que en épocas pasadas. Por un lado, la admiraba en silencio, la
envidiaba, le tenía recelo; las pocas veces que ya de adulta se acercó a su tía,
lo hizo con una gran distancia, con miedo a contaminarse de independencia.
Por otro lado los pensamientos de censura, la movían a juzgar, y considerar
locura lo que su tía hizo, como cuando se atrevió a dejar un novio plantado en
la puerta de la iglesia y se declaró soltera no célibe ¡en su época!.
Este hecho casi milagroso la hizo viajar con su hermana mayor a su natal
Bucaramanga en donde la esperaban sus otros hermanos y hermanas, más
sorprendente aún, fue el conocer que esta anciana mujer le había dejado la
totalidad de sus bienes, que consistían en una buena tierra y algunos muy
significativos pesos en el banco, que podía gastárselos en lo que le quedaba
de vida.
Saberse autosuficiente, reconocida, prendió en ella ese motor apagado. El
apoyo de su familia y un nuevo ambiente hizo que su primer día de regreso a

su casa, se lo gastara buscando una abogada que le recomendaron en
Bucaramanga y que le ayudó a entender que lo heredado era solo suyo, y que
no importaba si no hacía nada, como se lo decía con frecuencia su marido;
que ya no era relevante si era un parásito que vivía de él; al fin y al cabo la
habían criado para conseguirse un hombre que la mantuviera, para parir hijos y
para ver de una casa. Lo que tenía era suficiente para arrancar.
Entendió como parte de su proceso, que no era el momento de pelear ni de
plantear separaciones abruptas. Con la simpleza que da la libertad y con
mucha firmeza, y con una iluminación que no sabía de donde salía, se
preguntaba si tener algo propio hacía milagros o si la virgen del Carmen a la
que le había pedio tantas veces no seguir viviendo, le había dado esta
oportunidad con la condición de que no la desperdiciara.
Se tomó un tiempo para conocer o reencontrarse con aquello heredado y viajo
sola, a recibir lo que por primera vez en su vida sintió suyo. Ella era dueña de
algo, no importaba si había o no merecimientos, el solo hecho de tener esa
casa, esas hectáreas de tierra, cultivadas, con muchas cabezas de ganado, en
donde la única que decidía era ella, fue suficiente. En su tercera década
decidió arrancar a hacer lo que parecía imposible de recuperar.
¿Qué sucede en un organismo mujer, cuando la toma de conciencia no
corresponde a la acción?. Cuáles son los discursos inconscientes que atan el
sufrimiento y que no permiten la ruptura? Aunque para muchos en la apariencia
y en la expresión externa, las limitaciones como los miedos, las ansiedades
generadas por la incertidumbre sobre lo que va a pasar explicarían parte del
problema, para los que hemos trabajado durante muchos años con esto que
denominamos psicología femenina, hemos podido observar que existe una

especie de parálisis muy compleja, que se va gestando en esos primeros años
de vida y que de alguna manera ahogan el surgimiento de eso que llamamos
identidad autónoma, en donde un ser se reconoce a partir de si mismo y no en
referencia a otro.
Dicho de otra manera, los niños y las niñas se deberían independizar de sus
padres no solo a través de actos o comportamientos autónomos de tipo físico,
sino que en la medida en que su crecimiento y desarrollo de pensamiento lo
permitan, su criterio pueda ser explicito, como manifestación de la inteligencia
emocional que en últimas es la inteligencia para la vida. Así, le van dando
forma a una manera particular de ver la existencia.
En el caso de muchas mujeres, el referente de reconocimiento no se da acerca
de si misma como un ser aparte de, sino como una fusión per se, que la obliga
a vivir en función de su entorno. Se sigue siendo hija, hermana y madre, objeto
sexual, etc.. Se es valiosa o hay reconocimiento en la medida en que la función
para la cual fue asignada se cumpla. De ahí sale la famosa expresión “Usted
nunca conocerá a un hombre que quiera a una mujer que no le sirva para
nada”. Algunas son buenas amas de casa; otras; excelentes ejecutivas y otras
tantas, buenas amantes, amorosas compañeras; en fin, algún papel
desempeñan en la vida de ellos. Pero conocerá infinidad de mujeres que aman
a hombres que las maltratan, no responden en lo económico, ni en la seguridad
material y emocional de su compañera y de sus hijos, son malos amantes etc.,
y sin embargo ellas no son capaces de salir de aquellos que no efectúan para
nada.