Es poco probable que un ser humano, independiente de su raza, credo o condición social no haya pasado por una crisis; término utilizado para definir un evento traumático como un accidente, una pérdida importante, una ruptura matrimonial,  que altera la vida de manera significativa. Ahora bien también se usa el término de crisis para referirse a ciertas etapas consustanciales a la naturaleza humana; como por ejemplo, enfrentar las diferentes etapas de la vida. Lo más relevante cuando se habla de crisis nos referimos a cuanta es la afectación emocional, o el daño psicológico que rompe la calidad de vida. Si no se elabora la crisis hay estancamiento, no presencia de nuevos aprendizajes y como dicen los orientales una pérdida de oportunidad de desarrollo.

¿A QUÉ LLAMAMOS INTERVENCIÓN EN CRISIS?

Es la intervención a través de terapias breves que buscan el restablecimiento del ritmo de vida que producía bienestar. Son por lo general terapias de urgencia con tiempos limitados, no más allá de seis semanas. Son espacios terapéuticos que generan estrategias para superar los estados de conmoción como consecuencia de grandes impactos en la estructura anímica causada por niveles de estrés que el organismo no es capaz de manejar y que pueden terminar en un trastorno mental más severo. Es frecuente que sean momentos complejos que se pueden superar; sin embargo, dependiendo de la estructura de la personalidad estos estados de choque se convertirán en posibilidad de desarrollo personal o familiar o en un obstáculo que marca la vida.

¿CUÁL ES EL PROCESO A SEGUIR EN LA INTERVENCIÓN EN CRISIS?

La mayoría de los estudiosos coincidimos en que el proceso de vivir es dinámico, impredecible, cambiante, incierto y puede ocasionar experiencias positivas o negativas de fácil o de difícil control. Lo más importante en primer lugar, es determinar que tantos recursos tiene el organismo para recuperarse de situaciones interpretadas como pérdidas o daños, o nuevas, que sorprenden y generan relativa inestabilidad.

De manera paralela se debe identificar cual es el tipo de crisis que enfrenta el individuo. ¿Son las propias del desarrollo psicosexual?,   como por ejemplo; la entrada al colegio, la adolescencia, el mundo universitario, los primeros amores, las desilusiones, las frustraciones académicas, la escogencia de pareja, el mundo laboral etc… o aquellas dadas por los imprevistos de la vida como por ejemplo; la perdida amorosa o física de un ser querido, una enfermedad grave, perdidas económicas, una violación, enfrentarse a una situación que implique peligro o muerte inminente, como en el caso del secuestro o un asalto o una situación de violencia intrafamiliar o social, lo mismo que un desastre natural.

Una siguiente etapa es la identificación de las conductas que generan la crisis; en ocasiones hay respuestas desproporcionadas al estímulo que las origina, otras personas suelen hacer negación o resignación con la situación de malestar provocada por el hecho traumático.  Se hace necesario un análisis muy cuidadoso ya que debe medirse la dimensión del daño; ya sabemos que los traumas alteran tanto el mundo anímico como el entorno y este último puede ser vivido como hostil o peligroso y desencadenar además comportamientos y actitudes reflejo de un trastorno mayor como son; los ataques de pánico, culpas, ansiedad generalizada, depresión, pensamientos de anticipación de tragedias, taquicardia, sudoración alteraciones en el sueño  y en la ingesta, uso y consumo de sustancias psicoactivas, desencadenamiento de conductas infrasocializadas, etc.

Una vez identificadas las conductas desadaptativas como consecuencia de la exposición al trauma, se sitúa al paciente en niveles de afectación que van desde un cuadro agudo de ansiedad, hasta las reacciones o no, primarias, pasando por la necesidad de superar la crisis y reacomodar la vida a la nueva situación.

En un estudio realizado por Robles y Medida y citado por Fernández en 2012, encontraron que entre el 12 y el 20%, tienen reacciones pasivas, buscan protección y ayuda pueden sumergirse en  una situación de indefinición. Entre el 50 al 60% presentan conductas de desadaptación asociadas a emociones no controladas e intensas como actitudes de oposición – negación, en algunos casos agitación; sin embargo, con  grandes posibilidades de recuperación y en el extremo, entre un 20 a 25% con grandes desajustes.

¿CÓMO SABER SI NECESITO AYUDA?

Una decisión bastante subjetiva, ya que para cada individuo la concepción de crisis o daño puede ser percibida de muchas y diferentes maneras. Está particularmente indicada la intervención después de una situación traumática, cuando el malestar desborda la capacidad de manejo que tiene el organismo y la persona está preparada para recibir tratamiento psicológico.

Si el paciente tiene los recursos psicológicos para enfrentar con una mínima orientación la situación vivida como peligrosa y desorganizante, solo necesitará una adecuada orientación. Lo cierto es que de una buena evaluación y diagnóstico  inicial se  tomarán decisiones conjuntas con el paciente, para evitar que se desencadenen verdaderos trastornos mentales.

¿QUÉ OFRECEMOS?

Estamos en capacidad de brindar de manera inmediata, el primer soporte psicológico que permita enfrentar y acompañar el hecho traumático o la crisis. Definir de manera rápida, a que servicios se debe acudir de acuerdo con cada caso, si así lo requiere.

Establecemos  empatía para entrar en un proceso de rehabilitación emocional y definir las acciones y estrategias terapéuticas que van desde una exhaustiva evaluación, a través de diferentes pruebas clínicas, hasta el desarrollo terapéutico propiamente dicho, que consiste en un modelo de intervención que estimule de una parte,  la promoción de la resiliencia, como un supuesto básico para la introspección de conductas y actitudes saludables en la medida en que se desarrollan capacidades creativas, sociales, e interactivas consigo mismo y con los demás para permitir  que esa fuerza interna capaz de afrontar situaciones de gran complejidad progrese.

De manera paralela con profesionales idóneos, entrenados en diferentes modelos psicológicos se trabaja  sobre cinco factores básicos; Estímulo o estímulos disparadores, espacio o entorno donde ocurre, reacciones primarias y secundarias frente al hecho, comportamientos actuales, reformulación de la situación.

Como en todo proceso terapéutico se crea una situación de confianza, una buena y clara comunicación y observación del paciente, sin despertar alarmas innecesarias; se elaboran hipótesis de trabajo, e historia clínica, antecedentes familiares, emocionales, cognitivos, físicos y sociales.

Aplicación de cuestionarios y pruebas psicológicas de ser necesario, impresión diagnóstica, narración de los hechos, técnicas de desensibilización y confrontación con el suceso para disminuir la carga de ansiedad, aplicación TRE (Terapia Racional Emotiva o técnicas cognitivas), reflexión acerca del discurso expuesto, pensamientos y sentimientos que se movilizan, hasta lograr cambios de pensamiento, emociones y control de las reacciones fisiológicas, lo mismo que conductas más adaptativas de tipo social. Puede usarse la narración escrita con esquemas cronológicos que favorecen la reflexión y la restructuración del pensamiento.

Implementación de técnicas de afrontamiento y medición de éxitos y fracasos. Evaluar los logros y hacer los ajustes pertinentes, reforzar conductas resilientes y de autonomía.

¿CUÁNTO TIEMPO ME TOMARÍA?

Cada sesión es una hora terapéutica, entre 55 y 60 minutos. el número de sesiones se determina por la complejidad del problema y el compromiso del paciente con su tratamiento. En la intervención en crisis se esperaría que la superación de la crisis inicial, no tome más de seis semanas. Consideramos  que es una inversión de vida y no una transacción comercial poco ética; si en algún momento, el paciente necesita revisar su presupuesto, estudiaremos cada caso en particular.

¿CUÁLES SON LOS PROBLEMAS MÁS FRECUENTES?

Aunque difieren de un individuo a otro, las conductas más frecuentes después de un hecho traumático podríamos dividirlas de la siguiente manera

Afectación cognitiva; ideaciones de muerte, persistencia de ideas derrotistas, desesperanza aprendida, bloqueos mentales, perdida de atención y memoria, trastornos del habla, alteración del ritmo de pensamiento.

Afectación emocional y anímica; ansiedad generalizada como consecuencia de anticipación de la tragedia, sentimientos de culpa, impotencia, pánico, inhibición o exaltación, preocupación excesiva, irritabilidad y explosiones emocionales sin causa aparente, fobias, sentimientos de rabia u odio.

Afectación fisiológica; trastornos del sueño, de la alimentación, alteraciones gástricas, taquicardia, tensión muscular, dolores de cabeza, fatiga extrema etc.

Afectación comportamental; alteración del ritmo social, consumo de alcohol o sustancias, agresividad, actitudes melancólicas, conductas depresivas, aislamientos, evitación de situaciones interpretadas como posible riesgo etc…