LA ADOPCIÓN POR PAREJAS HOMOSEXUALES

Por: Lucía Nader Mora - Psicóloga y Sexóloga Clínica

Cuando pensamos en pareja; nos imaginamos un hombre y una mujer, en una casita prometida como dice la canción “llena de margaritas para ti y para mí”. Es necesario aclarar que vivimos en la era de los cambios. En primer lugar es bueno recordar como lo señalan muchos historiadores que el estudio de la historia de la familia solo se inicia a mediados del siglo XIX con los invaluables aportes de Bachofen registrados en su obra “El derecho materno y con Morgan en el estudio de comunidades indígenas en Norte América. La concepción de la familia como lo señala Engels y otros muchos autores, en este sentido, estaba bajo la influencia de los cinco libros de Moisés que no solo eran admitidas como las más antiguas sino que sirvieron de identificación con el modelo de familias actuales.

Con la estimulación de las ciencias históricas se ha podido comprobar que la familia o el tipo de organizaciones familiares ha sido y tenido a lo largo de la evolución y de la historia muchas expresiones que evolucionaron desde la promiscuidad sexual, los matrimonios comunitarios, a las familias monogámicas como las que conocemos hoy en día.

No se trata de profundizar en este tema ( es una obligación que tenemos cada uno de nosotros para vencer esa famosa frase de la OMS de que “La ignorancia es la fuente de todos los males”), solo es una invitación para reflexionar acerca de cómo los modelos de organización humana y entre ellos la familia y la pareja, a partir de cambios generados por ejemplo; las migraciones, las invasiones, las condiciones económicas, las guerras, el avance tecnológico en nuestra era, los cambios de funciones entre los hombres y las mujeres, la reivindicación de los derechos sexuales y reproductivos etc. impactan de manera significativa la dinámica interna relacional de las parejas y familias ya sean constituidas por personas heterosexuales u homosexuales.

Toda relación de protección o seguridad, como en el caso de la adopción, implica un protegido y un protector y genera deberes y derechos de los unos y de los otros en la medida en que el infante crece. El vinculo dado por un apego sano es responsabilidad de la madre, del padre o del cuidador. En este momento de manera breve describamos el desarrollo del vinculo del apego en situaciones de adopción:

Apoyándonos en la excelente revisión bibliográfica que hace Cristina Junquera Berzal y colaboradores de la Universidad de Valladolid España, podemos señalar que en las investigaciones de los últimos años tienden a señalar que la adopción constituye por si misma un factor de riesgo que puede desarrollar vínculos de apego ambivalentes (Borders, 2000).

Por lo tanto la tarea debe concentrarse en buscar factores protectores, como las características de la familia adoptiva y su capacidad de relacionarse con el menor; para promover apegos estables y seguros que nos permitirían prevenir posible daños en la estructura psicológica.

Si continuamos con la conceptualización en donde Bowbly (1961) y seguidores  afirman que la relación de apego se empieza a consolidar durante los seis primeros meses de vida, por las interacciones saludables: entendiendo por saludable; amorosas, reciprocas, constantes, con expresión de sentimientos, cariño incondicional, paciencia y perseverancia para responder a las necesidades y demandas del menor, esto permitirá una interiorización del tipo de relación establecida.

Cito textualmente a Cristina Junquera “A pesar de que las situaciones de adopción se constituyen por el interés superior del menor y tienen como objetivo dotar de una familia a aquellos niños que, por múltiples circunstancias, no disponen de una propia, la importancia de las interacciones tempranas hace que, en muchas ocasiones, surjan problemas tras la adopción. Parece ser que la permanencia desde edades tempranas en instituciones en las que no existe una figura de apego estable pueda ser una de estas circunstancias que ponen en peligro el desarrollo afectivo temprano”.

Estas complicaciones descritas por Palacios (2007) que se dan tras la adopción pueden resumirse de la siguiente manera:

“1. Problemas de salud y crecimiento

2. Desarrollo psicológico

3. Problemas de conducta: 4. Problemas en la vinculación afectiva con los padres adoptivos”. Palacios (2007)

Cómo podemos observar son problemas propios de la adopción y no de la orientación sexual de los cuidadores. Por lo tanto lo más importante es generar programas específicos que faciliten la adopción en menores tiempos posibles para evitar la institucionalización y el gran riesgo de tener apegos ambivalentes o ansiosos, originados en la mayoría de los casos por negligencia, malos tratos, institucionalización, abusos, etc…

Con esto se supliría la falta de estimulación temprana dada por la mala relación vincular, que como se ha insistido produce daños a veces irreversibles en el desarrollo social y emocional y cognitivo por supuesto. La adopción tardía es el problema. Investigadores como Singer, Brodzinsky y Ramsay (1985) describieron que los niños adoptados después de los 7 meses mostraban mas evidencia de alteraciones socioemocionales

Por fortuna otros estudios como los realizados por Verissimo y Salvaterra (2006) afirman que si los padres adoptantes tienen estrechas relaciones con sus hijos el vinculo que genera el apego va mejorando de manera progresiva. La conducta de la madre, o del padre adoptante determina la calidad de la relación.

Insistimos en que entre mayor edad del menor hay mayores factores de riesgo.

Nadie niega que adoptar es un acto de amor y que entregar un hijo es un acto de perdida, un duelo necesario de resolver para la madre y el hijo; una situación que se prolonga en muchos casos a lo largo de la vida del adoptado que necesita entender lo que en su fantasía no tiene explicación; las razones de su entrega. La necesidad de conocer a la madre y familia biológica independiente de que la familia adoptante haya establecido vínculos de apegos seguros es mucho más común de lo que se cree.

Cómo conclusión, diríamos que la discusión debería centrarse, en programas de entrenamiento previo a hombres y mujeres, parejas o no que deseen adoptar. En primer lugar para recibir entrenamiento sobre la real situación que implica la adopción y los mecanismos y habilidades para desarrollar vínculos de apego seguro; de esta manera conflictos personales si están presentes en personas que deseen adoptar, serán resueltos, antes de formar un hogar con el menor. Acto seguido la evaluación exhaustiva de las condiciones psicológicas, háblese de salud mental de los adoptantes, el entorno, la seguridad física, ética, valorativa que asegure relaciones vinculares estables y seguras. De tal manera que una vez cumplido estos procesos la adopción sea inmediata y podamos des institucionalizar a los niños, lo mas pronto posible, que ya que de por si vienen con una carga de limitaciones de todo tipo bastante importante.

Todo es susceptible de cambio y mejoría, y las cosas no son como quisiéramos que fueran sino como son, si tuviéramos actitudes generosas y no mezquinas, hacia aquellas personas con una capacidad infinita de dar afecto y cuidado seguro. La falta de estimulación temprana puede sustituirse por la estimulación tardía, el abandono puede ser superado por la presencia amorosa de aquellos que están dispuestos a dar lo mejor de si mismos, los abusos pueden ser olvidados o resarcidos en los brazos reparadores de unas buenas madres o padres no importa la orientación sexual. Moss en 1997 llamó la atención en que si se lograra centrar la atención, más que en el pasado del niño, en las características de la dinámica familiar que promociona apoyo adecuado a través de la flexibilidad emocional, la comunicación asertiva, franca y abierta, la definición de problemas y el manejo de conflictos, la búsqueda de ayuda terapéutica, conocer más acerca del desarrollo psicosexual infantil y los procesos afectivos y cognitivos, el camino para rescatar niños que necesitan una buena familia será expedito y ágil y tendrá como consecuencia en el corto plazo, ciudadanos que aporten y sean generadores de sociedades más ambles, equitativas y libres.